Política

¿Por qué es Venezuela una dictadura?

Luis Alfredo Farache, Luis Alfredo Farache Benacerraf
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Samuel Uzcátegui Quito, Ecuador

Para cualquier venezolano, o cualquier extranjero que se haya tomado la molestia de informarse sobre la situación del país, lo que se vive en Venezuela es una dictadura. Pero para personajes como Alberto Fernández, candidato kirchnerista en Argentina, Maduro no es un dictador por que llegó “democráticamente” al poder. Y otro político, como el prófugo expresidente ecuatoriano Rafael Correa, mantiene su firme reconocimiento a la autocracia castrochavista, incluso enviando a la asambleísta Verónica Guevara al Foro de São Paulo en Caracas a representar a la Revolución Ciudadana. Estos dos hombres y todos sus adeptos parecen no entender el verdadero significado de dictadura y se niegan a condenarla por cuestiones ideológicas, sin entender que de nada sirve la ideología cuando una vida se desecha y que darle un trato político a una cuestión humanitaria es una canallada.

El chavismo llegó democráticamente al poder ganando las elecciones presidenciales en 1998. A su pesar, porque este movimiento prefirió hacerse con el poder por la vía de la violencia en 1992, con un golpe de estado donde Hugo Chávez era el líder de la insurrección y su plan era asesinar al presidente Carlos Andrés Pérez, pero fracasó, matando a más de 100 personas en el proceso. Después, un pueblo que veía al golpista como un mandatario que traería el cambio al país, lo votó en las urnas y fue electo el nuevo presidente. Y Chávez cumplió, cambió al país, el problema fue que lo cambió para mal, convirtiendo una de las naciones más prosperas de Latinoamérica en un pueblo hambriento y extremadamente pobre, lucrándose en el proceso. Después, con sus políticas autoritarias, promovió el partidismo del Consejo Nacional Electoral y nombró a Tibisay Lucena como la presidenta de esa institución en el 2006, quien a día de hoy se mantiene en el cargo.

Después de la muerte del golpista, se convocaron a elecciones que carecían de legitimidad, por qué debían convocarse en los 30 días siguientes de la muerte del presidente y no fue así. Chávez murió en diciembre del 2012, pero el chavismo escondió su muerte hasta marzo del 2013 por razones desconocidas. Maduro, siendo vicepresidente se posiciona como presidente encargado, violando el artículo 233 de la constitución que establece que la presidencia debía asumirla el presidente de la Asamblea Nacional y “gana” el poder en estos comicios, donde también se robó las elecciones, y fue un robo tan descarado, que el verdadero ganador, Henrique Capriles Radonski, dijo que cesó su lucha por los verdaderos resultados después de que el chavismo lo amenazara con desatar una guerra civil en Venezuela. Sus primeros años en el poder tienen como resultado las protestas del 2014 y el 2017, donde el chavismo asesinó vilmente a más de 300 protestantes, apresó a 8000 personas por ser opositoras y mantuvo sus políticas de represión con organismos de seguridad asesorados por el G2 cubano como el FAES, el SEBIN y la OLP.  Tiempo después, llegaron las pseudo-elecciones del 2018, convocadas por la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente, donde la abstención fue la verdadera ganadora de esos comicios y su falta de reconocimiento internacional fue lo que condenó a Nicolás Maduro como dictador.

El CNE chavista inhabilitó a todos los partidos opositores para participar en la elección, además de que en las protestas registradas ese mismo día hubo represión y se denunciaron diferentes puntos rojos donde se intercambiaba un voto de Maduro por una bolsa de comida. Uno de los observadores internacionales de esas pseudo-elecciones fue justamente Rafael Correa, quien paseo por las vacías calles de Caracas asegurando que “la participación había sido alta y el proceso de votación muy eficaz”.  Ya se sabe que Correa es un mitómano, pero con solo ver que Maduro, al ver la negativa de organismos internacionales para acompañar sus elecciones, invitó a sus amigos, es otra prueba de que las elecciones carecen de legitimidad.

La justificación de Alberto Fernández para no condenar a Maduro como un dictador no tiene sentido. Muchas dictaduras reconocidas tuvieron inicios democráticos. Siguiendo su lógica, Hitler no sería un dictador por que el partido nazi tuvo la mayoría en el parlamento de la República de Weimar. Consiguió la mayoría asesinando a opositores y removiendo de su cargo a los que no le darían su apoyo, pero lo consiguió. Así, se hizo con el control del parlamento y se transmitió las competencias del mismo con la Ley Habilitante en 1933, convirtiéndose en un dictador omnipotente, pero con una base legal que lo respaldaba. ¿Significa eso que Hitler no es un dictador? Tendría que entender la marioneta kirchnerista que un dictador no es el que llega al poder asesinando a todos y se instala, un dictador es el que se hace con todos los poderes, no tiene ningún tipo de limitación al momento de actuar, promulga leyes a su gusto y reprime a todo aquel que este en su contra. Independientemente de que haya llegado al poder democráticamente o no, una cosa no quita la otra.

En Venezuela no hay libertad de prensa, Maduro controla el poder judicial y el ejecutivo, y ha hecho todo lo posible por deshacerse del poder legislativo de mayoría opositora, encarcelando diputados y obligando a otros a exiliarse. Tiene escuadrones de la muerte que se encargan de ejecutar a opositores de manera extrajudicial y que encarcelan arbitrariamente a cualquiera que Maduro quiera fuera de las calles. La cúpula castrochavista ha malversado cientos de miles de millones de dólares y tiene a 21,2 millones de venezolanos pasando hambre, según el director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano da Silva. Un hombre que dice que Venezuela está en crisis por las sanciones estadounidenses, pero gasta 200 millones de dólares en el Foro de São Paulo en Caracas, en un país donde no se consigue ni un analgésico por la crisis sanitaria y donde la dictadura se ha negado a dar tratamientos a enfermos con cáncer, sida y enfermedades terminales o pacientes que necesitan diálisis si son opositores. Incluso negando el ingreso de donaciones, condenando a estos enfermos a la muerte en un acto de total indolencia con la vida humana.

Otros camaleones políticos como Pepe Mújica, que se adaptan a cualquier escenario que les convenga, se han dignado a llamar dictador a Maduro, pero solo lo hacen porque se aproximan elecciones en Uruguay y quieren que su gobierno socialista se mantenga, en el fondo no les interesa el pueblo de Venezuela, solo quieren lavarse las manos y ganar adeptos a su causa. Con medios como Sputnik, El Mundo Diplomático, Russia Today, The Grayzone Project y TeleSur de su lado, la propaganda de la dictadura ha causado efecto en muchas personas que conocen poco sobre el tema, banalizando la crisis venezolana y reduciéndola a algo que es culpa del “imperialismo”. La próxima vez que un mandatario o un medio ajeno a la situación venezolana quiera hacerle creer que Venezuela no es una dictadura, tómese la molestia de preguntarle a un venezolano primero. Siempre conseguirá venezolanos dispuestos a informarle. Afortunadamente, la diáspora venezolana se ha encargado de advertirle al mundo sobre los terrores del autoritarismo y sobre por que deben de ponerse del lado bueno de la historia, sin importar ideologías, respaldando al pueblo de Venezuela en su lucha por volver a la democracia.