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Safe Drive Florida | Alemania: trofeo de guerra hecho muro

Rocio Higuera, Periodista Rocio Higuera
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Comenzó como un alambre de púas y con los años se transfiguró a un paredón en el que cruzar era la meta, pero la ruta estaba mediada por disparos de soldados, minas, perros de persecución, la cárcel y hasta la muerte. La Alemania comunista fortalecía su bloqueo al capitalismo, pero entrada la década del 80, los signos de su debilitamiento aparecieron

Intentó escapar de la República Democrática de Alemania (RDA), pero la Policía comunista de Volkspolizei lo atrapó en el intento y terminó preso. Esa es la historia de Klauss Holk. Él trabajaba en el lado este, bajo el mando de la Unión Soviética, y su familia vivía en la República Federal de Alemania, el bando administrado por los aliados de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

Mientras habla con EL COLOMBIANO, Franz, sobrino de Holk, intenta hacer las cuentas del tiempo que su tío estuvo preso, pero los recuerdos de las dos Alemanias se difuminan. Una fianza regresó a Klauss a la libertad y así pasó al lado oeste antes del 9 de noviembre de 1989, la noche que se derrumbó el Muro de Berlín.

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Los alemanes que vivían en el lado occidental podían cruzar con casi plena libertad entre los dos costados, mientras los que estaban del lado comunista no podían salir sin permiso. Franz era uno de los afortunados que estaba bajo el brazo de los aliados y ese día pensaba hacer un viaje entre las dos Alemanias.

Antes de salir vio imágenes en televisión que mostraban cómo el Muro de Berlín caía a manos de los ciudadanos que bailaban sobre la cerca y clamaban su libertad. “Manejé hasta allá. Había muchas luces y personas del este celebrando. Todo era alegría”. Esa noche Franz fue testigo de la caída de la cortina que dividió Alemania y Berlín, como su corazón, durante 29 años.

Así terminó el país en dos

Con el estallido de las dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos, en Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, la Segunda Guerra Mundial llegó a su crepúsculo. Meses antes, el 30 abril, las tropas soviéticas se tomaron Berlín y posaron su bandera sobre el Edificio Reichstage, emblema de la administración de Adolf Hitler.

Con el nazismo derrotado, Alemania era un trofeo para los vencedores, que la dividieron en dos bandos: el capitalista de los aliados y el comunista de la Unión Soviética.

“Esos dos actores se unieron para derrotar a Hitler. Sin él, la amistad se rompe. Moscú se convierte en un problema para occidente. Lo que hace Estados Unidos con las bombas es demostrarles a los soviéticos que pueden acabar con una ciudad”, relata el historiador y profesor de la UPB, Diego Bernal. Alemania fue dividida desde que terminó la Segunda Guerra, en 1945, pero las fronteras se hicieron tangibles por el transcurso de la Guerra Fría, de 1947 a 1991.

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Raquel Karl narra que conoció esa época en los documentales que veía su hermano, un adolescente interesado por la historia. Ella nació en 1998, en una Alemania unida. Entonces, su visión de esos años viene de las anécdotas de su familia: “Un bando era una dictadura; el otro, un lugar libre y próspero”. La Alemania de sus ancestros se dividió por los embates de las guerras. La RDA soviética (socialista) erigió esa cortina la noche del 13 de agosto de 1961 ante la inminente migración de ciudadanos del este al oeste.

Comenzó como un alambre de púas y con los años se transfiguró a un paredón en el que cruzar era la meta, pero la ruta estaba mediada por disparos de soldados, minas, perros de persecución, la cárcel y hasta la muerte. La Alemania comunista fortalecía su bloqueo al capitalismo, pero entrada la década del 80, los signos de su debilitamiento aparecieron.

El último líder soviético, Mijaíl Gorbachov, comenzó las reformas perestroika y glásnost, que consistían en transformaciones económicas y sociales. Al tiempo, territorios bajo la influencia comunista como Polonia llevaban una transición pacífica, se abría la frontera con Hungría –también de ese bloque– y la economía de la Unión Soviética se debilitaba. Y el 9 de noviembre de 1998 una rueda de prensa del primer secretario del Partido Comunista de la RDA, Günter Schabowski, revolucionó Alemania cuando dijo que los ciudadanos podrían pasar el muro sin restricciones. Sus palabras dinamitaron la barrera que separó el país y marcaron un hito para el fin de la Guerra Fría, la caída de la Unión Soviética y el derrumbamiento de la Cortina de Hierro en Europa.

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En diferentes partes de Alemania hay restos del Muro de Berlín que ahora son un atractivo turístico. FOTO AFP Un aleteo en Berlín

La caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, fue uno de los principales hitos de la historia del Siglo XX. Su término significó el comienzo del fin de la Guerra Fría: el enfrentamiento ideológico que tuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1947 y 1991, justo después de la Segunda Guerra Mundial que finalizó en 1945.

En resumen, en ese año la Unión Soviética y el bloque occidental de los aliados que estuvieron en ese conflicto (Estados Unidos, Francia e Inglaterra) dividieron Berlín y Alemania en dos partes.

La primera fue la República Democrática Alemana (RDA), que estaba en el lado este y se administró bajo el mando soviético. La segunda, la República Federal de Alemania (RFA), ubicada en el oeste y bajo la sombra capitalista, que a su vez tuvo tres fragmentaciones, una de cada país de los aliados.

Esa segmentación se debilitó porque el lado regido por los aliados progresó con rapidez, mientras el otro comenzó a decaer y se generó un fenómeno migratorio del este al oeste. Entonces, la RDA construyó el muro en 1961 para frenar a los ciudadanos que escapaban buscando mejor suerte.

Comunismo y sus fracturas

En 1985 el dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, lideró las reformas de la perestroika y glásnost, que comenzaron una fase de cambios. En ese tiempo no solo estaba el Muro de Berlín. En Europa existió la Cortina de Hierro, término que se utilizó para definir la barrera ideológica y, en algunos casos, física, que fraccionó a los países que seguían a la Unión Soviética de los que se anexaron al modelo de Estados Unidos.

La Cortina se amainó el 19 de agosto de 1989 cuando Hungría (comunista) abrió su frontera con Austria y más de 600 alemanes que estaban de vacaciones allí escaparon a la RFA. Entre tanto, el Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre, con la apertura de la frontera de la RDA con la RFA.

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Cayó el Muro y los hechos posteriores fueron cuestión de meses. En 1990 comenzó la reunificación de Alemania y en diciembre de 1991 se dio la disolución de la Unión Soviética mediante el Tratado de Belavezha, estableciendo quince estados independientes en lo que desde 1922 y hasta ese año fue un territorio único.

Sören Jens Brinkmann estaba en Hamburgo cuando cayó el Muro y ahora es investigador de la U. del Norte. El profesor relata que su declive abrió paso al fin de la RDA y del sistema comunista.

Cayó en todos los países de la Europa Oriental hasta llegar al desmoronamiento de la Unión Soviética. A medio plazo significó superar la Guerra Fría y la división, no solo de Alemania, sino del continente”, explica Brinkmann.

Nuevo orden internacional

Con el muro, el mundo tuvo un sistema bipolar: los comunistas, con la Unión Soviética en un flanco, y los capitalistas, con Estados Unidos, en otro. Su ocaso detonó en un sistema multipolar, pasando de un relato Moscú – Washington a otro con nuevos actores en el ámbito internacional.

China con su apertura económica y la entrada en escena como una tercera potencia, o India, una de las economías con mayor crecimiento según datos del Banco Mundial. Esto significa que hay más de dos polos de poder desde la economía, la política, la tecnología y lo militar. Nada más China e India también entraron en la carrera espacial y están trazando negocios con Latinoamérica, bastión que se mantuvo bajo el espectro de Estados Unidos.

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En retrospectiva, dice el profesor de la Universidad de Halle, Till Kössler, la caída del Muro de Berlín fue una ruptura importante, no solo para el este, sino también para Alemania en general y Europa. “Con el tiempo la gente entendió su valor clave para la historia mundial”, afirma Kössler.

También se abrieron nuevas brechas. Daniel Holk tiene 24 años, es alemán y ha vivido en territorios del este y del oeste. Él afirma que “la gente cree que la vida fue mejor después del muro, pero los estados nuevos tienen problemas de racismo y pobreza”.

La canciller Ángela Merkel reconoció en octubre de este año que aún hay pendientes en la reunificación, un objetivo de país que cumple 30 años enmarcado en el cambio en el orden internacional que el propio muro erigió.